8/06/2016








Comparto este breve artículo de Jorge Val, donde nos invita a un juego simple, cuyo objetivo es mantener a nuestras neuronas en ejercicio. 
Piensen que hoy tenemos muchas pruebas de la vida resueltas: 
contamos con ordenadores que nos dan en un momento la información que antes buscábamos en una biblioteca, calculadoras que hacen las cuentas por nosotros, tenemos celulares que nos avisan de las citas y guardan por nosotros los números de teléfono de nuestros conocidos, navegadores que evitan que debamos recordar una dirección o que ajustemos nuestro GPS interno, máquinas que cosen, cortan y bordan todo en uno, máquinas que amasan, baten, cocinan, hornean y se autolimpian solitas, en fin, que tenemos muchas facilidades en nuestra vida que antes no teníamos y por eso mismo vamos dejando de ejercitar las funciones cerebrales que tienen que ver con el registro, memorización, organización y demás.

Un buen truco que aconsejan los neurólogos, es cambiar adrede las cosas que hacemos rutinariamente. Por ejemplo: usar la otra mano para poner las llaves en la cerradura y abrir la puerta, o buscar nuevos caminos para hacer un trayecto.... 
Los neurólogos nos dicen que es recomendable mantener la mente en actividad, para mantener en las mejores condiciones que podamos la capacidad de razonar.
Esto hace mucha falta hoy día, no sólo por nuestra salud mental, sino también para utilizarla lo mejor posible cuando se trata de discernir en temas de nuestra vida cotidiana, temas sociales, espirituales, científicos....

Acostumbrémonos a pensar. Aquí va un ejercicio que formó parte de un examen de ingreso, hace ya años, a una Universidad de EEUU.
“Tres pescadores, luego de efectuar su trabajo de pesca, se quedan dormidos en la playa, habiendo juntado los pescados en un solo montón.
Al cabo de un tiempo, se despierta el primero de ellos, quien apurado por retirarse, decide tomar su parte y marcharse. Entonces cuenta la cantidad de pescados del montón y descubre que arrojando uno al agua, el resto es divisible por tres. Toma su tercio y se va.
Luego, despierta el segundo pescador y supone que el pescador  que falta se retiró a almorzar sin tomar su parte de la pesca. Entonces, al no desear esperar, cuenta los pescados del montón y descubre que arrojando uno al agua el resto es divisible por tres. Entonces, toma su tercio y se retira.
Cuando despierta el último de los pescadores y supone que sus compañeros se fueron a almorzar, procede como en los casos anteriores. Cuenta la cantidad del montón, arroja uno al agua y del resto divisible por tres, se lleva su parte.
¿Cuál es la menor cantidad posible de pescados que debe contener el montón original para que pueda cumplirse la condición narrada anteriormente?”
Estamos dispuestos a hacer el ESFUERZO DE PENSAR? Lápiz, papel, calculadora en mano y escribamos la respuesta.

Que tengan Paz!!!

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