8/01/2016

LA DIVINA MISERICORDIA




En el convento de Plock, el 22 de febrero de 1931, inició Jesús sus revelaciones sobre la Devoción a la Misericordia Divina. Santa Faustina Kowalska nos lo relata así:
Al anochecer, estando en mi celda, vi al Señor Jesús vestido con un túnica blanca. Tenía una mano levantada para bendecir y con la otra tocaba la túnica sobre el pecho. De la abertura de la túnica en el pecho, salían dos grandes rayos: uno rojo y otro pálido. En silencio, atentamente miraba al Señor, mi alma estaba llena del temor, pero también de una gran alegría.
Después de un momento, Jesús me dijo: Pinta una imagen según el modelo que ves, y firma: Jesús, confío en Ti. Deseo que esta imagen sea venerada primero en su capilla y [luego] en el mundo entero. Prometo que el alma que venere esta imagen no perecerá. También prometo, ya aquí en la tierra, la victoria sobre los enemigos y, sobre todo, a la hora de la muerte. Yo mismo la defenderé como Mi gloria” (I, 18)
En otra ocasión el Señor dijo que también entraba dentro de esta Devoción la imagen de Jesús crucificado, con dos rayos que brotan de su costado y la invocación: “Jesús, confío en Ti”. Así nos mostraba cómo la fuente de la Misericordia es el valor redentor de la muerte de Cristo en la Cruz.

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