8/06/2016








Veamos un momento los distintos tipos de oración para entenderlo:
• ORACIÓN COLOQUIAL: nos comunicamos con Dios con nuestras propias palabras, describiendo nuestros problemas o dando las gracias por las bendiciones que recibimos en nuestras vidas. “Amado Dios, tengo un problema con mi marido, aunque te doy gracias por tener una familia”
• ORACIÓN RITUALISTA: repetición de secuencias de palabras durante un tiempo prolongado. Las oraciones de antes de irse a dormir o las de bendición de los alimentos.
• ORACIÓN MEDITATIVA: esta oración trasciende las palabras. Permanecemos en silencio, quietos, abiertos y conscientes a la presencia de las fuerzas creativas dentro de nuestros mundos y nuestros cuerpos. En nuestra quietud dejamos que la creación se exprese a través de nosotros. Para muchas personas la meditación va más allá de la oración. En el sentido más estricto de la palabra, si la meditación implica un pensamiento, una emoción y un sentimiento, puede ser definida como meditación-oración.
Estos modos utilizados individualmente o combinados, constituyen el grueso de las modalidades de oración que se emplean en occidente.
¿Es posible que exista otro modo de orar que nos permita fusionar pensamientos, emociones y sentimientos en una única y potente fuerza de creación? Al parecer, sí.
Gracias a nuestras comprensiones actuales de la física cuántica sobre el tiempo y sobre el origen de la experiencia, sabemos que cualquier “milagro” es en realidad un potencial que ya existe. Se entiende así, que cualquier experiencia es un milagro, sea esta del orden que sea. Este es el significado profundo de que “vuestras oraciones ya han sido escuchadas y atendidas incluso antes de ser pronunciadas”.
Cualquier oración, cualquier milagro, ya se ha producido y sólo es cuestión de sentir esa verdad en el proceso de la oración. Podríamos llamar a esta oración, la ORACIÓN DE GRATITUD por lo que ya tenemos (y tenemos cualquier cosa que agradecemos y sentimos en nuestro interior, sin juicios a “qué tipo de cosa sea”), en lugar de pedir para que nuestras oraciones sean escuchadas. “Si tuvierais Fe como un grano de mostaza…” Jesús fue educado en esta tradición y formado en escuelas de Misterio, como eran llamadas antiguamente.
Imagina una Oración de petición al estilo que todos hemos aprendido, por ejemplo, para conseguir la paz en el Mundo:
1. Nos centramos en las condiciones donde creemos que no existe la paz.
2. Pedimos la intervención de un gran poder para que cambie dichas condiciones.
3. Al hacer la petición estamos reconociendo que la paz y que el cambio positivo todavía no existen en esos lugares.
4. Continuamos pidiendo esta intervención hasta que vemos que se produce el cambio o bien desistimos.
Ahora veamos como funciona en el mismo caso la Oración de Gratitud:
1. Tomamos nota de todos los acontecimientos, lo que vemos cuando no hay paz, sin juzgarlos como buenos, malos, justos o injustos.
2. Utilizamos la tecnología del PENSAMIENTO-EMOCIÓN-SENTIMIENTO para crear las condiciones desde nuestro interior que elegimos para observar en nuestro “exterior”. Por ejemplo: “un cambio positivo en la tierra y sanación para todo tipo de vida” Nuestro sentimiento de que eso ya es así da fuerza a nuestra oración y materializa ese fruto. Al hacerlo hemos renovado el recuerdo de una posibilidad que se ajusta más a nuestros propósitos. Traemos literalmente a la conciencia lo que desde siempre ha existido.
3. Reconocemos el poder de nuestra tecnología interna, nuestro papel de elección en el proceso de manifestación y damos por hecho que nuestra petición ya se ha cumplido; la paz y la sanación ya están aquí, presentes.
Quiero que veas la traducción moderna desde el arameo (la actual Biblia) del fragmento del Evangelio de Juan 16, 23-24: “En verdad, en verdad os digo que todo cuanto pidiereis a mi Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre: pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido”
Y ahora una traducción mas literal del texto original en arameo: “Todo aquello que pidáis directa y abiertamente … en mi nombre te será concedido. Hasta ahora no lo has hecho. Pide sin un motivo oculto y serás rodeado por la respuesta. Déjate envolver por lo que deseas, que tu júbilo sea completo”
En el primer caso se nos invita a una forma de acción que realizamos “desde fuera” para obtener un efecto de un Poder Supremo. En el segundo se nos invita a acoger el método de la oración como el reconocimiento de la conciencia que nosotros encarnamos. Al invitarnos a estar “rodeados” por nuestra respuesta y “envueltos” por nuestro deseo, este pasaje enfatiza el Poder de nuestros sentimientos como el lenguaje de alma para convocar la experiencia. Hemos por tanto de tener los sentimientos de que nuestra creación está cumplida. Así es como esta oración es un modo de acción de gracias, y por esto se dijo que la oración más poderosa es la de acción de gracias; esto no se ha llegado a entender bien hasta ahora.
¿Y que pasa si nuestras oraciones no tienen un impacto en nuestra experiencia manifiesta en un periodo concreto de tiempo?
La mayoría entendería esto como un “fracaso” de la oración, en lugar de cómo parte del proceso que da paso a la manifestación, más aún si los acontecimientos que continúan tras la oración son opuestos a los que hemos sentido en nuestro corazón o si simplemente no pasa “nada” (aquí empiezan los juicios a los acontecimientos y la interpretación del significado de los acontecimientos, en lugar de conectar con el ahora como viaje del deseo hacia la forma… este sería el “error”). Es en este punto donde se “pierde” la fe.
En realidad, lo que se hace es volver a colocarla en el resultado que actualmente experimentamos en el plano manifestado, es decir, en lo contrario de lo expresado en la oración. Este tipo de respuesta tiene que ver con nuestra identificación con las formas como expresión de lo real, por una parte y con el miedo al significado del cambio (al hacernos conscientes de nuestra participación en el proceso de creación que hasta el momento habíamos considerado algo fuera de nuestro control), al sacarnos de nuestra ignorancia y nuestra “insignificancia” creadora, la cual nos resulta cómoda al no hacernos partícipes de la creación, brindándonos la ilusión de victimismo. La asunción de responsabilidad en el proceso creativo de la Vida nos sumerge de lleno en la dimensión espiritual y en el compromiso con la Creación consciente… Libertad Plena de elección. Pero consciente o inconscientemente no podemos dejar de crear. Podemos ser víctimas o actores, esa es la diferencia.
Podríamos entender las “contradicciones” o los sinsentidos, que acontecen tras la oración, como momentos sagrados que preparan el terreno para que la nueva realidad se haga presente. Evidentemente, cuando hacemos una oración de cambio en nuestras vidas, las condiciones previas están en proceso de descomposición (literalmente) y esto, por utilizar al máximo el significado de la palabra, puede “oler mal”, siendo importante vivirlo con atención (sin juicios, sin interpretaciones, sin expectativas) y dejarlo descomponerse en su totalidad sin resistencias. Este es el reto.
Gregg Baden – La Tecnologia de la Oracion

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