6/11/2017















La palabra Dharma, es una palabra escrita en el idioma “sánscrito” que se traduce como “realidad” o “propósito en la vida”.

El Dharma, conlleva una variedad de distintos significados, pero de manera general es una serie de enseñanzas e instrumentos meditativos que protegen al individuo de la recurrencia de conflictos y dificultades que cotidianamente le hostigan y le dificultan el vivir, mediante la búsqueda de un propio propósito en la vida, de actuar con honestidad, con humildad y sobretodo de reconocer los talentos propios como una forma de reconocimiento interior.

Cualquier tarea que nosotros podamos abordar y que podamos utilizar para nuestro propio desarrollo físico y espiritual, para depuración de nuestras limitantes, de nuestros oscurecimientos mentales y emocionales, nos llevará al objetivo y llegar al propósito de nuestras vidas; entonces el Dharma es la serie de enseñanzas que nos conducen a la trascendencia plena de nuestros potenciales individuales y sociales.

El objetivo principal del Dharma es proveer al individuo de una espiritualidad interna pura, hacer el bien al prójimo, desenvolver la felicidad y la fraternidad universal, así como desarrollar una conducta, pensamientos y otras prácticas mentales que elevan el carácter de un Ser, que lo lleva a obtener prosperidad y felicidad eterna.

Existen algunas diferencias entre el Dharma y el Karma, por ejemplo:

- El Dharma se refiere al deber que se debe cumplir en la vida, mientras que el karma es aquello que viene como consecuencia de la vida que has llevado.

- El Dharma se trabaja en la vida presente, mientras que el karma afecta la vida futura.

El Dharma tiene 4 leyes o verdades fundamentales:

I. La insatisfacción.

Parece que hay un acuerdo común en considerar que una de las sensaciones más comunes de la humanidad, es un vacío constante donde albergamos nuestros miedos y dolores existenciales. La felicidad parece ser ese bien escaso con el que siempre soñamos pero que raramente alcanzamos.
¿A qué se debe esta insatisfacción? ¿Esta angustia vital del ser humano? La segunda verdad del Dharma nos lo aclara.

II. La causa del descontento: los apegos.

Las personas solemos establecer apegos poco saludables con todo aquello que nos rodea. Según la enseñanzas del Dharma, las personas nos aferramos a los bienes materiales o cosas transitorias, fomentando nuestros propios egoísmos, nuestras propias vulnerabilidades.

III. El sufrimiento vital puede detenerse.

Según la enseñanza del Dharma, todos somos seres espirituales que buscan un propósito: trascender mediante la sabiduría, mediante la humildad y la búsqueda de la verdad, desprendiéndonos de todo aquellos artificios materiales, y aprendiendo a su vez de los errores cometidos.

Y hasta que eso ocurra, tendremos infinitas posibilidades para corregir nuestras faltas, para sanar ese sufrimiento, ese dolor vital. Para ello tendremos que librarnos de nuestros apegos, comprendiendo a su vez, que toda acción tiene un efecto y una consecuencia.

Todo lo que piensas, haces e incluso declaras en voz alta, genera un resultado en ti y en quienes te rodean. Porque todos somos un todo, porque tú no estás ajeno a ese equilibrio y necesitas llegar al corazón del Dharma o de ti mismo, para ser virtuoso, para generar un buen “karma”.

IV. El camino que nos lleva al fin del sufrimiento.

Lo que nos evoca en realidad esta cuarta ley, es la necesidad de ser conscientes de nosotros mismos y de encontrar un propósito en esta vida, un “noble propósito”, algo que te enriquezca a ti y a los demás.
Para ello, recuerda siempre que no debes fijar tus necesidades en la ciega obsesión por “poseer” cosas… La última verdad del Dharma nos explica que para llegar a este acto de curación interior, debemos aplicar a nuestro día a día el llamado “Óctuple noble sendero”, que tiene estos interesantes principios:

1. Una comprensión correcta de las cosas y de tu propio interior.
2. Un pensamiento correcto que nos ayude a ver la realidad, sin artificios.
3. Necesario también saber utilizar las palabras correctas. Aquellas que no hacen daño, aquellas que ofrecen paz, equilibrio y amor.
4. Enfocar tu vida en esa acción o propósito que es realmente adecuado: hacer el bien, ser honesto, buscar la verdad de las cosas.
5. Ocupación correcta. Una vez entiendas cuál es tu propósito en la vida, ponlo en práctica.
6. Esfuérzate en hacer el bien, sé persistente.
7. Focaliza tu atención.
8. Concéntrate en ese noble propósito. Nunca decaigas.

Si llevamos las enseñanzas del Dharma en nuestra vida diaria, podremos resolver nuestros problemas internos y disfrutar de una verdadera tranquilidad. Sin paz interior, la paz externa es imposible.


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